5 may. 2017

La generación de los padres ausentes: Parte 1

Si estuvieras 10 horas diarias en tu trabajo en una importante compañía, con un buen puesto, si tuvieras que traerte el trabajo a la casa, asistir a reuniones y compromisos hasta altas horas de la noche, si estuvieras preocupada por todos los proyectos de tu empresa y tomando pastillas para dormir y para la gastritis, si tuvieras que estar dispuesta a volar en avión en cualquier momento y llegar a Nueva York o Suiza.. ¿Quién te criticaría? ¿Quién te diría que te estás sacrificando mucho, o que se están aprovechando de ti? No, por lo contrario te felicitarían e incluso hasta te envidiarían. Aún con tu insomnio y gastritis, te seguirías sintiendo exitosa porque estarías haciendo cosas "importantes". Pero qué pasaría si dedicas todo ese tiempo o tal vez sólo la mitad de ese tiempo a cuidar a tu hijo, ¿quién te felicitaría? Por lo contrario la gente te diría: "tu hijo te absorbe", "necesitas tiempo para ti". Para la sociedad no serías más que una ama de casa que no haces nada importante. Incluso te preguntarían: y ¿cuando vuelves al trabajo? (como si no estuvieras trabajando...) Dr. Carlos González

Y se imaginan ¿si éste fuera el caso de un papá?, ¿aquel que decide cambiar de trabajo para tener más tiempo con sus hijos? Seguramente le dirían que está loco.

Niños criados por sus nanas, abuelas, o guarderías la mayor parte del tiempo. Niños destetados prematuramente. Niños expuestos a las pantallas (tv, tablets, celulares) cuando aún están formando su visión. Niños criados en base a impaciencia e incomprensión. Porque, ¿qué paciencia se le puede entregar a un niño si se llega totalmente cansado(a) a casa después de una larga jornada?

¿Es que los sueldos ya no alcanzan como antes o es que el espíritu de la modernidad nos ha golpeado en la cara y aún no somos conscientes de ello?

Lo cierto es que esta es quizás la generación de niños que menos tiempo haya pasado con sus padres

Este no es una artículo machista ni feminista. Este es un artículo para mostrar el contexto en el que están siendo criados los niños ahora. Tiempo en los que desde que tienen 6 meses (incluso menos) están en la guardería o con una niñera/familiar durante el mismo horario de trabajo de un adulto.¿Qué tipo de consecuencias podría traer esta situación a largo plazo? ¿Tendrá algún impacto en la sociedad este escaso tiempo que los niños pasan con sus padres? 

Cuando hablamos de padres ausentes, estoy hablando de la ausencia por escaso tiempo que se pasa con los niños. No sólo estoy hablando de mamás, también de papás. Pues hay casos en los que la madre se ausenta por trabajo y el padre se queda con el bebé y le brinda todos los cuidados necesarios.

 Existen 2 escenarios diferentes inmersos en este tema:

1. Padres ausentes (generalmente de estratos socioeconómicos altos) que tienen que trabajar para sostener su estilo de vida y costos a los cuales están acostumbrados. O simplemente madres que no trabajan pero no desean involucrarse mucho en la crianza de sus hijos, tienen el modelo de haber sido criadas por nanas y ese es el modelo que quieren seguir con sus hijos.

2. Padres ausentes de casa porque no tienen otra alternativa más que trabajar la jornada completa, y no existe otra alternativa sino no se come. Lamentablemente este es el escenario más común, sobre todo en países en desarrollo donde el salario mínimo es insuficiente para cubrir las necesidades básicas familiares y donde el tiempo de licencia post-maternidad es mínimo.

Primero veamos algunos de los testimonios recopilados en el libro de Marta Maldonado: Donde estás mamá. En este libro se encuentran los resultados de entrevistas a 29 sujetos, todos actores involucrados en el cuidado infantil y con contacto directo con menores con una experiencia mínima de 5 años.

Testimonios nanas

Tal como lo menciona la autora de este libro, puede constatarse que las madres, tal vez por desconocimiento, delegan los momentos tranquilos de su bebé al cuidado de las auxiliares, quienes, debido a que justamente no son las verdaderas madres, no se encuentran en la posición de descifrar las necesidades del niño, no poseen el replegamiento que permite la cercanía y empatía que la naturaleza brinda a la madre a través del embarazo

Por otro lado, con la presencia de la auxiliar (nana), tanto mamá y papá tienen la posibilidad de desligarse, lo que va a prolongar su situación de inexperiencia. Al no atender y manejar a su hijo no aprenderán a percibir sus gestos, ni tampoco dará oportunidad a su bebé de que la observe a su madre.

Cuando la mamá sale de la clínica y llega a su casa, ante el temor de no sentirse apta para absorber la doble tarea de crianza y administración de los quehaceres de la casa, recurre prontamente a la asesora del hogar como apoyo a sus funciones. Curiosamente no sólo delega la función doméstica a fin de reservarse la de crianza, sino que ambas van recayendo en las “nanas”. De esta manera, es frecuente que actividades propias de la crianza como el baño, la alimentación, el cambio de pañales, sean realizadas en un inicio por la madre con apoyo del padre y terminen siendo progresivamente derivadas a la “nana” y, finalmente consideradas como ajenas a los propios padres.

Veamos este otro testimonio:


Son muchos los momentos en que los niños quedan efectivamente solos o mal atendidos. Puede afirmarse entonces que si bien la asesora del hogar se da perfecta cuenta de la necesidad del niño de ser afectuosamente atendido, es ella misma la que termina inevitablemente dejándolo llorar y usando técnicas que lindan con la amenaza, para así poder realizar las múltiples labores que se le demandan. En este sentido podemos afirmar que el niño recibe una atención mecanizada que lo ubica más en posición de objeto que de sujeto. 

Por otro lado, la presencia de la “nana” en el hogar hace que la madre, pueda optar por retomar rápidamente funciones fuera de la casa, confiándole a ella sus responsabilidades, quien no puede sino presentar una sobrecarga de trabajo producto de una doble posición – nana y sustituta materna. Como puede esperarse, estas demandas de encargarse de muchas de las labores maternas, entran en conflicto con el resto de las actividades que la asesora del hogar corrientemente realiza, actividades que, muchas veces se ve obligada a priorizar. “Todo debe estar siempre impecable”. En este sentido, aunque la nana se lo proponga, no siempre estará en condiciones de ser efectivamente, una madre sustituta suficientemente buena. Su posible entrega y disponibilidad se verá necesariamente interrumpida, lo que termina por hacer que su presencia no dé abasto a dos posiciones que son incompatibles en términos de las necesidades del bebé.

Quisiéramos recalcar que todas estas situaciones, no provienen necesariamente de una incompetencia del personal de servicio, sino más bien de una confusión entre los roles de trabajadora y de sustituto materno. El cuidado que alguien puede brindar a un bebé es cualitativamente distinto si es ejercido desde una posición de madre real que desde el lugar de trabajadora, en el que dicho cuidado no es más que una de sus tantas labores. El alejamiento materno y la incompatibilidad de roles que vive la asesora no pueden sino dejar secuelas psicológicas en el niño.


Cuando el cuidador tiene sentimientos de enojo y angustia hacia su propio trabajo, transmite estas emociones al infante al que precisamente debería cuidar. Al tornarse tensa la relación entre todos los actores a cargo del cuidado se perturba el desenvolvimiento del afecto así como de la agresión, en tanto modo de separación de un bebé que no sabe aún defenderse. En consecuencia el ciclo de abandono se da no sólo por parte de los padres sino también por parte de quien ha sido contratado para cuidar al niño.


La idea bastante extendida respecto del excelente cuidado que las nanas brindan a los niños de la casa, en muchos casos, no es más que una ilusión que los propios padres necesitan para poder retomar con menos angustia sus labores fuera del hogar, para separarse más confiados y con menos remordimientos. Es frecuente escuchar opiniones referentes a la eficiencia en los cuidados e incluso el afecto que la “nana” puede brindar al bebé, hechos que mediante las entrevistas del estudio de Marta Maldonado, no se han confirmado a cabalidad.

Como dice Winnicott, pediatra psicoanalista inglés y experto en psicología infantil temprana, los cimientos de la salud mental los construyen la madre, por lo que la irrupción brusca o el fracaso continuo en su rol de sostén del bebé, por ejemplo, cuando la madre se ausenta por muchas horas o cuando el niño queda a cargo de diferentes cuidadoras cada uno con una técnica de manejo distinta y con características personales también distintas, que la hace impredecible, el pequeño es presa de ansiedades muy primitivas. Ante tal estado de cosas el desarrollo normal del bebé se alterna y podrían prosperar diferentes tipos de patologías. La manera en que el niño puede adquirir la capacidad para estar solo se funda en la presencia y disponibilidad de la madre.

En los niveles socieconómicos de menores recursos los padres no tienen la posibilidad de opciones viables, viéndose enfrentadas a lo que el sistema existente pueda ofrecerles, a no ser que cuenten con abuelas u otros familiares cercanos disponibles. Al pasar a guarderías o al cuidado de terceros, el ambiente facilitador que el bebé estaba recibiendo se interrumpe, antes de que él esté preparado para tolerar la separación con su madre, quien es generalmente la principal figura de apego. Este pareciera ser el principal problema que enfrentan los niños de la clase media con respecto a su necesidad materna.

Testimonios en guarderías


Estos testimonios dan cuenta de que este alejamiento prematuro es resentido fuertemente por los niños, quieres terminan sometiéndose a las rutinas de la sala cuna.



Estas descripciones muestran el enojo y rechazo que los niños son capaces de poner en práctica. Es como si dijeran: “ahora… ya no me interesas”.

Winnicott menciona esta actitud como un estado de necesidad y espera tranquila; si la frustración continúa aparece una conducta de malestar y enojo creciente; si se prolonga la frustración externa… el bebé comienza a estar inconsolable. Si la situación se prolonga mucho más aún, surgen indicios de alejamiento en el bebé; un desgano que se expresa en su lentitud para reconectarse con la madre cuando esta se presenta. De persistir, esta reacción de enojo, el alejamiento se acentúa y, en los casos extremos, parece faltar la capacidad de responder a los estímulos exteriores tendientes a retomar el vínculo con el bebé.

Podrían entenderse estas reacciones del niño como una protesta silente derivada del alejamiento materno y vinculada al sentimiento de abandono percibido, llegando a constituir una situación de riesgo en el desarrollo emocional.

¿Qué consecuencias mediatas e inmediatas podría traer esta situación en el desarrollo emocional del bebé, niño y futuro ciudadano?

Esta interrogante así como soluciones propuestas serán analizadas en nuestro siguiente artículo.

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Fuente utilizada para la elaboración de este artículo:
Maldonado M. Donde estás mamá. Ed. Catalonia. Santiago de Chile, 2009

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