19 may. 2017

La generación de los padres ausentes: Parte 2

Estos testimonios y otros más de nanas y personas encargadas del cuidado de bebés fueron descritos en la primera parte de este artículo (Generación de padres ausentes: Parte 1). Lo cierto es que esta es quizás la generación de niños que menos tiempo haya pasado con sus padres, y es indudable que debe haber un impacto en los niños y niñas.
Esto es lo que hemos podido observar a través de los testimonios recogidos del libro "Dónde estás mamá" de Marta Maldonado:

1. Algunas madres, por desconocimiento, delegan los momentos tranquilos de su bebé al cuidado de auxiliares quienes, debido a que justamente no son las verdaderas madres, no se encuentran en la posición de descifrar las necesidades del niño, no poseen el replegamiento que permite la cercanía y empatía que la naturaleza brinda a la madre a través del embarazo

2. Con la presencia de la auxiliar (nana), tanto mamá y papá tienen la posibilidad de desligarse, lo que va a prolongar su situación de inexperiencia como padres.

3. Son muchos los momentos en que los niños quedan efectivamente solos o mal atendidos. Puede afirmarse entonces que si bien la asesora del hogar se da perfecta cuenta de la necesidad del niño de ser afectuosamente atendido, es ella misma la que termina inevitablemente dejándolo llorar y usando técnicas que lindan con la amenaza, para así poder realizar las múltiples labores que se le demandan. En este sentido podemos afirmar que el niño recibe una atención mecanizada que lo ubica más en posición de objeto que de sujeto. 

4. En el caso de los niños que son dejados en guarderías se observa una priorización en la rapidez en el servicio, lo que imposibilita desplegar una atención humana no sólo para con los bebés sino para todos los que están allí para sostener y manejar a los niños. La rutina diaria se vuelve insostenible en ese contexto.

5. En una guardería el ambiente es impredecible, se manipula al bebé en forma mecánica, sin significado y sin respeto por sus gestos y necesidades. Ni hablar de entornos relajados, de momentos de placidez, de desplegar, en suma, una atención humanamente afectiva. El ritmo vital del bebé queda perdido entre las demandas externas, que sólo pueden ser vividas por el niño como irrupciones violentas dentro de sus requerimientos de continuidad existencial.

¿Cuál sería el impacto de este contexto en el desarrollo de los niños?

- De acuerdo a Winnicott, pediatra psicoanalista inglés y experto en psicología infantil temprana, los cimientos de la salud mental los construyen la madre, por lo que la irrupción brusca o el fracaso continuo en su rol de sostén del bebé, por ejemplo, cuando la madre se ausenta por muchas horas o cuando el niño queda a cargo de diferentes cuidadoras cada uno con una técnica de manejo distinta y con características personales también distintas, que la hace impredecible, el pequeño es presa de ansiedades muy primitivas. Ante tal estado de cosas el desarrollo normal del bebé se alterna y podrían prosperar diferentes tipos de patologías. La manera en que el niño puede adquirir la capacidad para estar solo se funda en la presencia y disponibilidad de la madre.


- De acuerdo a la psicóloga Alejandra Rivera: "se produce psicológicamente una desprotección psíquica que influye no sólo en su estabilidad emocional, también en su seguridad y deseos de salir a aprender de ese mundo complejo en el que se tiene que integrar”.


- Está comprobado que una madre que está ausente causa resentimiento en el niño(a), y esto daña la relación madre-hijo así como el desarrollo de su personalidad. Las consecuencias: niños agresivos con sus madres, con rabietas constantes, que golpean o que se golpean. Niños cuya persona principal de apego no es su madre sino la abuela, la nana o la maestra. 

Vemos entonces que principalmente en los primeros años de vida es de vital importancia para un buen desarrollo del bebé que éste sea cuidado por al menos uno de sus padres, de preferencia, la madre. El tiempo que tanto mamá y papá pasan con sus niños es trascendente para su vida y determina su salud emocional.


Frente a esta realidad que vivimos, ¿qué hacer? ¿qué medidas tomar? Estas son algunas propuestas:


1. A nivel de los estados, es sumamente importante que se prolongue el periodo de licencia por maternidad a por lo menos 1 año. 


2. A nivel de las empresas y empleadores, otorgar flexibilidad de horarios especialmente a las madres con niños pequeños, dando la oportunidad de trabajar en casa en base al cumplimiento de objetivos. Está comprobado que un trabajador que tiene más tiempo para su familia es un trabajador más productivo y con más disposición a realizar su labor.

3. A nivel de los hogares, evaluar la posibilidad de que papá o mamá puedan trabajar la mitad de la jornada, o que uno de ellos (quizá el que menos ingresos perciba) pueda dejar de tener un trabajo dependiente por un tiempo.

Y qué pueden hacer las mamás/papás que trabajan a tiempo completo y no tienen otra alternativa? (Por ejemplo una madre soltera) 
De ser este tu caso te sugiero lo siguiente:


- Busca una guardería que tenga pocos niños por cuidadora y que cuente además con cámaras de vigilancia.
- Realiza visitas inopinadas a la guardería para saber cómo está tu hijo y ver cómo es el trato hacia otros bebés/niños.
- Si tienes una nana en casa busca que siempre esté acompañada de un familiar de tu confianza, rutinas tan frecuentes como el cambio de pañal o darle sus comidas deben ser ejecutadas por una sola persona que sea de tu total confianza.
- Es necesario que priorices tu tiempo fuera del trabajo en pasar tiempo con tu pequeño(a). Se tú quien le de sus comidas, quien le cambie los pañales cuando ya saliste del trabajo. Esos pequeños momentos que aparentan ser tan rutinarios son muy importantes para tu hijo(a). 
- Pasa tiempos a exclusividad con tu hijo, sal a jugar con él sin que nada ni nadie los interrumpa.
- Procura pensar en algún negocio independiente que te permita tener más tiempo con tu hijo(a), las ideas más creativas surgen en tiempos de crisis.


"Hace unos años leí no sé dónde una de esas historias con moraleja que últimamente han vuelto a ponerse de moda (por culpa del correo electrónico):

Un peregrino encuentra, a la vera del camino, a tres hombres que trabajan.
– ¿Qué hacéis? – les pregunta, curioso.
– Pues ya ves, picando piedra… – contesta el primero.
– Doy de comer a mis hijos – dice el segundo.
– Construyo una catedral – explica el tercero.

Algo me chirría en esta historia. Algo está mal. Porque la estructura es vieja como el mundo, y la hemos visto en cientos, miles de cuentos. Siempre hay tres. El hombre que tenía tres hijos, el que consultó a tres sabios, los tres pretendientes de la princesa, las tres hijas del rey Lear, los tres platos de sopa que probó Ricitos de Oro en casa de los tres ositos… Y siempre, siempre, siempre, el bueno es el tercero.
Claramente, para el que contaba la historia había una progresión: picar piedra es algo banal, dar de comer a los hijos es algo importante, construir una catedral es algo trascendente.

Pero no estoy de acuerdo. Pienso que dar de comer a nuestros hijos (en un sentido más amplio, criarlos, protegerlos y educarlos) es lo más trascendente que podemos hacerTal vez lo único trascendente. Cuando la catedral haya quedado reducida a escombros cubiertos por la hiedra, los hijos de los hijos de nuestros hijos poblarán aún la tierra, mientras exista la humanidad. Y algo de nosotros quedará en ellos. No sólo algo de lo que hemos sido, alguno de nuestros genes, el perfil de nuestra nariz o el color de nuestro pelo, sino también algo de lo que hemos hecho, el vago recuerdo de una caricia, de una palabra, de un consejo". 
Dr. Carlos González. Pediatra y escritor.



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Fuente utilizada para la elaboración de este artículo:
Maldonado M. Donde estás mamá. Ed. Catalonia. Santiago de Chile, 2009

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