11 jun. 2015

Cómo manejar la frustración de nuestros hijos

Basado en el capítulo 1 del libro: “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen”  de Adele Faber y Elaine Mazlish

Problema:

Niño: Mami, hace mucho calor aquí.
Mamá: Está haciendo frío, déjate puesto el suéter.
Niño: No, tengo calor.
Mami: Te dije que te dejaras el suéter puesto!
Niño: No! Tengo calor! (Y empieza la batalla...)


Los padres por lo común no aceptamos los sentimientos de nuestros hijos. Solemos usar frases como: “En realidad tú no te sientes así”, “simplemente dices eso porque estás cansado”, “no hay ninguna razón para que estés tan alterado”, “en verdad no hace tanto calor”, etc.

La constante negación de los sentimientos puede confundir, encolerizar a los niños y desatar discusiones sin sentido. Y también les enseña a no saber cuáles son sus sentimientos y a no confiar en ellos.




Aceptar y respetar los sentimientos de los niños es un punto clave para manejar la disciplina y el comportamiento de nuestros hijos. Y esta es una gran herramienta para disminuir el número de discusiones entre los niños y sus padres.

Poniéndonos en su lugar

Lo primero que debemos hacer para poder entender a nuestros hijos es ponernos en su lugar. Pregúntese asimismo: ¿Supongamos que fuera una niña que está cansada, tiene calor o está aburrida? ¿Y supongamos que quisiera que ese adulto tan importante en mi vida se enterara de lo que yo estaba sintiendo…?”

Ahora pensemos en un ejemplo más concreto, imagínese que está usted en el trabajo. Su jefe le pide que le haga un trabajo especial y lo quiere terminado para el fin del dia. Usted quiere encargarse de él de inmediato, pero debido a una serie de cosas urgentes que se presentan, se le olvida por completo. Las cosas se presentan a un ritmo tan caótico que apenas dispone de tiempo para comer. 

Cuando usted se dispone a irse a su casa, su jefe se presenta y le pide el trabajo terminado. Rápidamente, usted trata de explicarle lo ocupado que estuvo todo el día. Él lo interrumpe, exclamando en voz alta y muy enojado. ¡No me interesan sus disculpas! ¿Para qué diablos cree que le estoy pagando, para que se quede sentado todo el día sobre su trasero?.. Sus compañeros de trabajo fingen no haber escuchado, usted termina de recoger sus cosas y sale de la oficina. 

En el camino se encuentra con un amigo. Todavía está tan alterado que sin pensarlo empieza a contarle lo que le acaba de suceder. Su amigo trata de “ayudarlo” en 8 formas diferentes. A medida que lea cada respuesta, averigüe cuál es su inmediata reacción básica (no hay reacciones buenas o malas, cualquier cosa que usted sienta es la adecuada para usted)

1. Negación de los sentimientos:

 “No hay razón alguna para que te alteres tanto; probablemente todo se debe a que estás cansado y estás exagerando las cosas fuera de toda proporción. La situación no puede ser tan mala como dices. Vamos, sonrié… te ves tan bien cuando sonríes..."
Su reacción:

2. La respuesta filosófica: 

“Escucha, así es la vida, las cosas no siempre resultan tal y como queremos. Tienes que aprender a tomar las cosas a la ligera; en este mundo nada es perfecto”.
Su reacción:

3. Consejo: 

¿Sabes lo que creo que deberías hacer? Mañana por la mañana ve directamente a la oficina de tu jefe y dile: “Disculpe, yo estaba equivocado”. Después siéntate a terminar ese trabajo que no hiciste el dia de hoy. No te dejes atrapar por esas pequeñas urgencias que se presentan. Y si eres listo y quieres conservar tu trabajo, asegúrate de que no vuelva a suceder nada por el estilo”
Su reacción:

4. Preguntas: 

“¿Cuáles fueron exactamente esas cosas urgentes que te hicieron olvidar un encargo especial de tu jefe?” “¿No te diste cuenta de que se encolerizaría si no lo hacías de inmediato?” “¿Ya había sucedido esto alguna vez?”
Su reacción:

5.  Defensa de la otra persona: 

“Entiendo la reacción de tu jefe; es probable que se encuentre bajo una presión terrible. Tienes suerte de que no pierda la paciencia con más frecuencia”
Su reacción:

6. Compasión:

"Oh, pobre de ti, ¡qué terrible es eso”
Su reacción: 

7. Psicoanálisis de aficionado: 

“¡No se te ha ocurrido que la verdadera razón por la cual estás tan alterado por esto es porque tu jefe representa una figura paterna en tu vida?
Su reacción:

8. Una respuesta de empatía (un intento para sintonizarse con los sentimientos de la otra persona):

“Vaya, me parece que fue una experiencia penosa. ¡Debió ser muy difícil verse sujeto a un ataque de esa naturaleza delante de otras personas, sobre todo después de estar bajo tanta presión!”
Su reacción:

Normalmente, cuando estamos alterados lo último que deseamos escuchar es un consejo, una filosofía, una psicología o el punto de vista de la otra persona. Esa clase de charla sólo nos hace sentir peor que antes. 

La compasión nos deja sintiéndonos dignos de lástima, las preguntas nos ponen a la defensiva, y lo más exasperante de todo es escuchar que no tenemos ninguna razón para sentirnos como nos sentimos.


Pero cuando alguien en realidad nos escucha, cuando alguien reconoce nuestro dolor interno y nos brinda una oportunidad para seguir hablando de lo que nos molesta entonces nos empezamos a sentir menos alterados, menos confundidos, más capaces de enfrentarnos a nuestros sentimientos y problemas. 

Quizá incluso podría decirse asímismo : “mi jefe por lo general es justo, supongo que debí encargarme de inmediato de ese informe… pero a pesar de todo no puedo pasar por alto lo que me hizo…Bien mañana llegaré temprano y lo primero que haré será escribir ese informe… pero cuando se lo lleve a su oficina, le haré saber lo mucho que me alteró el que me hablara de esa manera… Y también le haré saber que de aquí en adelante, cuanto tenga alguna crítica, le agradecería la hiciera en privado”.

El proceso no es diferente en el caso de nuestros hijos. Ellos también pueden ayudarse así mismos si cuentan con un oído dispuesto a escucharlos y con una respuesta empática. Pero el lenguaje de la empatía no es algo que surja naturalmente en nosotros; no es parte de nuestra “lengua materna”. 

La mayoría de nosotros crecimos con la impresión de que negaban nuestros sentimientos. A fin de hablar con fluidez ese nuevo lenguaje de la aceptación, tenemos que aprender y practicar sus métodos. 

He aquí algunas formas para ayudar a los niños a enfrentarse a sus sentimientos:

1. Escuche con toda atención
- Dejándo de hacer lo que estemos haciendo (por ejemplo mirar la televisión)
- Mirando a los ojos
- Mostrando interés en la mirada.



2. Acepte sus sentimientos con una palabra:
    Mientras escuchamos atentamente podemos decir: “Oh…”, “Mmmm…”, “Ya veo”

3. Déles un nombre a los sentimientos de sus hijos y muestre aceptación (y restricción a ciertas acciones dependiendo del caso) hacia ellos:



“¡Eso me suena de lo más frustrante!”
“Me doy cuenta de lo enojado que estás con tu hermano”
“Dile lo que quieres con palabras, no con los puños”
“De manera que todavía estás cansado a pesar de que acabas de dormir la siesta"
“Yo tengo frío, pero para ti aquí hace calor”

4. Concédales sus deseos en la imaginación:

“¡Quisiera poder hacer que el plátano madurara justo en este momento para que te lo comieras!”

Para tener una mejor comprensión de cada una de estas habilidades, exploraremos cada uno de estos casos:

CASO 1 - CON PREGUNTAS Y CONSEJO:

Niña: Alguien robó mi lápiz rojo nuevo
Mamá: ¿Estás segura de que tú no lo perdiste?
Niña: No lo perdí! Estaba encima de mi escritorio cuando fui al baño!
Mamá: Y bien, ¡¿qué puedes esperar cuando dejas tus cosas tiradas en cualquier parte?! Sabes muy bien que ya antes te han quitado tus cosas, no es la primera vez, Siempre te he dicho, “guarda tus cosas de valor dentro de tu escritorio. ¡El problema contigo es que nunca haces caso!
Niña(molesta): ¡Oh, déjame en paz!
Mamá: ¡No seas malcriada!




A una niña (y a cualquier adulto) le resulta difícil pensar con claridad o en forma constructiva cuando alguien trata de interrogarla, de culparla o de aconsejarla.

Ahora el mismo caso pero mostrando EMPATÍA:

Niña: Alguien robó mi lápiz rojo nuevo
Mamá (escuchando y mirándola atentamente): Mmmmm
Niña: Lo dejé encima de mi escritorio cuando fui al baño y alguien lo tomó. Es la tercera vez que me quitan mi lápiz.
Mamá: Ya veo….
Niña: Ya sé. A partir de ahora, cuando salga del salón esconderé mi lápiz dentro de mi escritorio.

Se puede brindar una gran ayuda con un simple: “Oh”, “umm”, o “ya veo”. Las expresiones como éstas aunadas a una actitud solícita, son invitaciones para que una niña explore sus propios pensamientos y sentimientos y posiblemente encuentre sus propias soluciones.

CASO 2: NEGANDO EL SENTIMIENTO

Niña: Mi tortuga está muerta, esta mañana estaba viva.
Papá: Vamos querida, no te alteres tanto. No llores es sólo una tortuga.
Niña(llorando): Waaaa!!
Papá: Ya basta! Te compraré otra tortuga!
Niña: (tirándose al piso): ¡No quiero otra tortuga!
Papá: ¡Ahora estás actuando en forma irrazonable!



Es muy extraño, pero cuando exhortamos a un niño para que haga a un lado sus sentimientos negativos, por mucha bondad con que lo hagamos, el niño sólo parece cada vez más alterado.

Ahora el mismo caso pero dándole un nombre al sentimiento:

Niña: Mi tortuga está muerta, esta mañana estaba viva.
Papá: ¡Oh no…que lamentable!
Niña(llorando): Era mi amiga!
Papá: Nos duele perder un amigo...
Niña: Le había enseñado algunos trucos…
Papá: Y las dos se divertían mucho juntas….
Niña (más tranquila): Le daba de comer todos los días…
Papá: Realmente querías a tu tortuga.



Los padres, por lo común, no ofrecemos esta clase de respuesta, porque tememos que al darle un nombre al sentimiento, lo único que lograremos será empeorar las cosas. Pero sucede exactamente lo contrario. El niño que escucha palabras que describen lo que está experimentando se siente profundamente consolado. Alguien ha reconocido su experiencia interna.

CASO 3: CONCEDIENDO SUS DESEOS EN LA IMAGINACIÓN

Niño: Quiero mis galletas de chocolate
Mamá: Me gustaría tener algunas para dártelas.
Niño: ¡Las quiero!
Mamá: Lo sé, a ti te gustan mucho esas galletas
Niño: Quisiera comérmelas ahora mismo
Mamá: Y yo quisiera tener algún poder mágico para hacer que apareciera una caja tamaño grande!
Niño: Bueno.. quizás comeré otra cosa..
Mamá: Oh…


A veces, el sólo hecho de que alguien comprenda lo mucho que el niño quiere algo hace que la realidad le resulte más fácil de soportar.

Pero algo más importante que cualquier palabra que podamos emplear es nuestra actitud

Si nuestra actitud no es compasiva, entonces cualquier cosa que digamos el niño la percibirá como algo falso o como una manipulación. Cuando nuestras palabras están impregnadas de nuestros verdaderos sentimientos de empatía, es cuando le hablan directamente al corazón del niño

De las cuatro habilidades que acaban de ver ilustradas, quizás la más difícil sea tener que escuchar los estallidos emocionales de un niño y después “darle un nombre a ese sentimiento”. Se requiere mucha práctica y concentración para poder ver más allá de lo que dice el niño, a fin de identificar lo que está sintiendo.

Sin embargo, es muy importante que les enseñemos a nuestros hijos un vocabulario para su realidad interior. Una vez que conozcan las palabras para calificar lo que están experimentando, podrán empezar a ayudarse a sí mismos.


Ejercicios para entrenar a los padres:

Ejercitemos la habilidad de reconocer los sentimientos. En cada uno de los ejemplos que se muestran a continuación un niño está hablando, usted describa lo que él o ella podría estar sintiendo, y emplee en su comentario la palabra que demuestre que usted comprende ese sentimiento. Recuerde: ¡No pregunte ni aconseje!

Comentarios de niños:

1. "El chofer del autobús me gritó y todos se rieron de mi":

- Escriba una palabra que describa lo que él o ella podría estar sintiendo: 

- Emplee en su comentario una palabra que demuestra que usted comprende ese sentimiento ¡No pregunte ni aconseje!: 

2. "Me gustaría darle un puñetazo en la nariz a ese Michael!"

- Escriba una palabra que describa lo que él o ella podría estar sintiendo: 

- Emplee en su comentario una palabra que demuestra que usted comprende ese sentimiento ¡No pregunte ni aconseje!: 

3. "Sólo porque llovió un poco, mi profesora dijo que no podríamos ir al día de campo. Que tonta es!"

- Escriba una palabra que describa lo que él o ella podría estar sintiendo: 

- Emplee en su comentario una palabra que demuestra que usted comprende ese sentimiento ¡No pregunte ni aconseje!: 

4. "Mary me invitó a su fiesta, pero no sé si ir..."

 - Escriba una palabra que describa lo que él o ella podría estar sintiendo: 

- Emplee en su comentario una palabra que demuestra que usted comprende ese sentimiento ¡No pregunte ni aconseje!: 

¿Se ha dado cuenta de toda la reflexión y el esfuerzo que se requieren para hacerle saber a un niño que usted sí tiene una idea de lo que está sintiendo? 

A la mayoría de nosotros no nos resulta nada fácil decir ciertas cosas como: 

"¡Vaya, sí que pareces estar muy enojado!", o 
• "Eso debió ser una decepción para tí", o 
• "Hmm. Parece que tienes ciertas dudas acerca de asistir a esa fiesta", o 
• "Me da la impresión de que en verdad no te gustan todas esas tareas escolares",
• "El hecho de que una amiga muy querida se mude a otra parte puede ser bastante frustrante." 

Y no obstante, son comentarios de esta naturaleza los que les brindan consuelo a los niños y los dejan en libertad para empezar a enfrentarse a sus propios problemas. 

Pero una cosa es hacer un ejercicio escrito y leer un diálogo modelo y otra es poner en práctica las habilidades en una situación real con nuestros hijos. 

Un ejercicio que resulta útil es la representación de papeles entre los padres, uno asume el rol del hijo y el otro el del padre, se ponen en cada una de las situaciones y luego intercambian roles. Con esto se adquiere una poca de práctica antes de enfrentarse a las situaciones reales en sus propios hogares. 

Algunas preguntas de los padres:

1. ¿Es importante que siempre le demuestre empatía a mi hijo?

No, muchas de las conversaciones que sostenemos con nuestros hijos consisten en intercambios informales. Si un niño dijera, "Mamá, el día de hoy decidí que iría a casa de David después de la escuela", parecería innecesario que el padre replicara, "De manera que has tomado la decisión de visitar a un amigo esta tarde". Un simple "Gracias por avisarme" sería una aceptación suficiente. El momento indicado para mostrar empatía es cuando un niño quiere hacerle saber cómo se siente. 

La reflexión sobre sus sentimientos positivos planea muy pocos problemas. No resulta difícil responder a un exuberante comentario de un pequeño, "¡Hoy obtuve una calificación de noventa y siete en mi examen de matemáticas!" con entusiasta, "¡Noventa y siete! ¡Debes sentirte muy complacido!" 
Sus emociones negativas son las que requieren toda nuestra habilidad. Ahí es donde debemos superar la vieja tentación de pasar por alto, negar, moralizar, etcétera. 

2.  ¿Debemos hacerles saber a nuestros hijos que estamos siempre de acuerdo con sus sentimientos? 

Los niños no necesitan que estemos de acuerdo con sus sentimientos; lo que necesitan es que los reconozcamos. El comentario, de "Tienes toda la razón", podrá ser satisfactorio por el momento, pero también puede impedir que un niño piense por sí mismo en las cosas.

3. Sé que debemos aceptar los sentimientos, pero encuentro difícil saber cómo debo reaccionar cuando escucho, "Eres muy mala" o "Te odio" en labios de mi propio hijo.

Si ese "Te odio" la perturba, quizá desee hacerle saber a su hijo, "No me agradó lo que acabo de escuchar. Si estás enojado por algo, dímelo de otra manera. Entonces quizá yo pueda ayudarte”.

4. ¿Hay alguna manera de ayudar a un niño que está enfadado, además de hacerle saber que entiendo sus sentimientos? Mi hijo da muestras de muy poca tolerancia hacia cualquier clase de frustración. Ocasionalmente si parece ayudar cuando reconozco sus sentimientos y le comento algo así como, "¡Eso debió ser muy frustrante!" Pero por lo común, cuando se encuentra en un estado emocional así, ni siquiera me escucha.

Los padres han descubierto que cuando sus hijos están demasiado alterados, en ocasiones un poco de actividad física puede ayudar a mitigar parte de esos sentimientos dolorosos. 

Hemos escuchado incontables historias acerca de niños encolerizados que se han tranquilizado un poco después de pegarle a una almohada, de darles martillazos a algunas cajas viejas de cartón, de golpear y amasar arcilla, de rugir como leones o de lanzar dardos.

Pero la actividad que a los padres les parece más cómodo observar y a los niños les satisface más es dibujar lo que sienten. Cuando su hijo esté demasiado irritado puede decirle: "dibújame con este crayon cuán molesto te sientes".

5. Si acepto todos los sentimientos de mi hijo, ¿no le dará eso la idea de que estaré de acuerdo con cualquier cosa que haga? No quiero convertirme en un padre permisivo.

El enfoque sólo es permisivo en el sentido de que están permitidos toda clase de sentimientos. Por ejemplo: "Veo que te diviertes haciendo dibujos con tu tenedor en la mantequilla". 
Pero eso no quiere decir que usted deba permitirle a un niño que se comporte de una manera que resulte inaceptable. En el momento de quitarle la mantequilla, también puede hacerle saber al joven "artista" que "la mantequilla no es para jugar. Si quieres dibujar puedes usar tu arcilla". 

Se ha descubierto que cuando aceptamos los sentimientos de nuestros hijos, ellos aceptan de mejor manera los límites que les fijamos.

6. ¿Cuál es la objeción a la idea de darles un consejo a los niños cuando tienen un problema?

Cuando les damos un consejo a los niños, o les ofrecemos una solución instantánea, los estamos privando de la experiencia que se obtiene cuando luchan con sus propios problemas. 
¿Hay alguna vez un momento para dar un consejo? Por supuesto. 
Para una discusión más detallada puede adquirir el libro completo del que se basa este artículo.

Aspectos adicionales para tener en cuenta:

- Los niños, por lo común, objetan cuando alguien les repite sus palabras exactas. Si es el caso de su hijo, intente otra forma de mostrar empatía.

- Hay pequeños que prefieren que no se les diga una sola palabra cuando están alterados. Para ellos, es suficiente con la presencia de papá o de mamá.

- Algunos niños se irritan cuando expresan una intensa emoción y la respuesta de sus padres es "correcta'', pero fría.

- Tampoco ayuda cuando los padres responden con una intensidad mayor de la que experimenta el niño.

Esta nueva forma de comunicación con nuestros hijos traerá muchos beneficios para toda la familia. Es muy probable que nos  equivoquemos muchas veces al principio. Pero vale la pena el esforzarnos y seguir ejercitándonos. 




Le recomiendo la lectura completa del libro "Cómo hablar para que los niños escuchen y como escuchar para que los niños hablen" de Mazlish y Faber, para una lectura completa y con mayor cantidad de casos y soluciones propuestas.

Si esta información te pareció útil. Difúndela, muchos padres y niños te estarán enormemente agradecidos.

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4 comentarios:

  1. Me ha encantado, qué buenas técnicas para pararte un momento, pensarlas y darte cuenta de que solo basta con escuchar y ser escuchado y no complicar tanto las cosas.
    Muchas gracias, los ejercicios de relfexion estupendos!
    Un saludo

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    1. Gracias a ti por leer y creer que esto es importante, un abrazo!

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  2. Genial el artículo y el libro en el que se basa. Hay mucha conciencia que cambiar en el tema de la comunicación con nuestros hijos, espero que poco a poco vaya cambiando el paradigma para criar y educar a hijos más felices.

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    1. Tienes razón Susanna, hay mucho por hacer todavía y poniendo la información relevante al alcance de los padres, damos un gran paso. Un abrazo!

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